La Merca Personal
- izēki • amoracción

- hace 17 horas
- 2 Min. de lectura

Cuán desagradable es el olor a arrepentimiento.
Y cuán inodora se vuelve esa sensación cuando las neuronas que lo advertían ya han muerto después de tanta merca.
Entonces la respiración —que al nacer llenaba los pulmones de novedad—
hoy se vuelve densa, impregnada del aire sucio de una creencia:
que alguna vez faltó el amor.
Y esa creencia —falsa, pero poderosa—
es la principal inversora de esta industria de cristales identitarios,
de esta droga que consumimos sin darnos cuenta:
la merca personal.
¿Cuándo fue ese momento…
en que dejamos de oler a útero
y empezamos a oler a miedo?
¿En qué instante cambiamos
el canto por el ahogo,
la confianza por armadura,
el océano por incendio?
Crear esta identidad que hoy te acompaña
no fue casualidad.
Fue supervivencia.
Años de consumo de un personaje
que aprendió a existir como pudo,
y terminó construyendo una marca personal.
Tan personal…
y tan frágil
que ahora necesitás defenderla.
Una marca que deja de ser expresión
y se vuelve adicción.
Se vuelve droga.
Se vuelve mercancía.
Tu merca personal.
¿Cómo dejo de consumir ese ser
que necesité ser
para sentirme ser alguien?
¿Cómo dejo de actuar…
y empezar a ser yo?
Ser auténtico.
Imperfecto.
Errático.
Irrepetible.
Se deja con el coraje de someterse a la abstinencia de uno mismo.
Dejando ir cada acto de consumo por miedo al rechazo o por desamor.
Transformando ese arrepentimiento en respiraciones de perdón.
Abriendo nuevamente los canales, libres de aire.
Volviendo al aroma que nunca nos dejó, porque nunca dejamos de estar en el útero de Dios.
Y allí se escucha el latido
del corazón de aquel niño que vuelve a nacer,
que nunca murió,
el que siempre fue amado,
el que sólo olvidó.
Que la fe y la gentileza
sean la droga
que nos revela la consciencia,
que da sentido a la existencia.
Inhalemos entusiasmo.
Exhalemos perdón.
Paz para todos ustedes.
izēki • amoracciōn



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